Control, el director de la agencia estatal Southern Reach, se dirige al Área X. Está convencido de que si descubre cuál es el misterio que se esconde más allá de sus fronteras podrá evitar que su naturaleza amenazante se propague. Pero una vez allí todas sus convicciones se desmontan. En pleno invierno y sin ninguna certeza a la que aferrarse, deberá remontarse hasta los orígenes del Área X y aquellos que la han habitado para resolver el enigma. Aceptación es la última entrega de la trilogía Southern Reach, una serie que ha sido calificada de “inquietante” (The New York Times), “apasionante” (Los Angeles Times) y “adictiva” (BookPage).

“Southern Reach es la respuesta en ciencia ficción a las trilogías de Millenium o incluso a 50 sombras de Grey, Jesús Rocamora, El Confidencial.

“Verdaderamente fascinante”, Entertainment Weekly.

“Me encanta. Inquietante y fascinante”, Stephen King. 

La directora. Duodécima expedición.

Fuera de tu alcance, más allá de ti: la fuerza y la espuma del oleaje, el intenso olor a mar, las trayectorias zigzagueantes de las gaviotas, su inopinado griterío disonante. Un día cualquiera en el Área X, un día extraordinario —el de tu muerte—, y ahí estás tú, apoyada en un montón de arena, a resguardo de una pared medio derruida. La calidez del sol en el rostro y la visión vertiginosa del faro, que se alza por encima de ti atravesando su propia sombra. El cielo es de una intensidad que no delata nada más allá de su prisión azul. Tienes una brecha en la frente y refulgentes granos de arena pegados a la herida. De la boca te gotea algo agrio y glótico.

Te sientes entumecida y rota, pero mezclado con el pesar hay un raro alivio: llegar tan lejos, ir a parar allí sin saber cómo saldrán las cosas, y aun así… descansar. Conseguir el descanso. Al fin. Todos los planes que tenías en Southern Reach, la angustia constante del miedo a fracasar o peor aún: su precio. Todo eso se está vertiendo a tu lado en arenosas perlas rojas.

El paisaje se abalanza sobre ti, se curva desde atrás envolviéndote para vigilarte. En algunos lugares se infla como una llamarada, o se enrosca o se reduce hasta poco más que un punto antes de volver a mostrarse con claridad. Tu oído tampoco es como antes, se te ha debilitado, igual que el equilibrio. Y de pronto ocurre algo imposible, un truco de magia: una voz que surge del paisaje y la insinuación de una mirada de la que eres objeto. El susurro te resulta familiar: Tienes los asuntos en orden.

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