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Al límite – Erin McCarthy

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Fast Track – 1

Tras la muerte de su marido mientras competía en una carrera del circuito de velocidad, la vida de Tamara Briggs se ha centrado en sus hijos y ha renunciado a la excitación y el glamour de los circuitos, intentando encontrar un hombre sencillo y predecible con el que compartir sus días.

Elec Monroe es el último de una saga familiar dedicada a las carreras de coches, el novato del año que está acaparando toda la atención por su agresiva forma de conducir en la pista. Rodeado de fama y dinero, las mujeres más impresionantes se le acercan para conseguir su minuto de gloria. Sin embargo, Elec aspira a algo más, una verdadera mujer a la que poder amar.

Ambos se encuentran casualmente en una fiesta y la pasión estalla a su alrededor. Pero, tras una noche de ensueño, la realidad parece imponerse en la mente de Tamara: sus hijos, los peligros de la competición, el temor de volver a quedarse sola de nuevo y, no menos importante, la enemistad entre la familia de Elec y la de su anterior marido amenazan con destruir la felicidad que entrevé en los oscuros ojos del joven piloto, y que hacen que su corazón vuelva a latir de forma descontrolada.

Sobre la Autora:

Erin McCarthy vendió su primer libro de Kensington Brava a través de concurso del sitio web del autor Lori Foster en 2002, y desde entonces ha vendido más de diecinueve novelas contemporáneas y novelas de Brava y publicación de Berkley.

Su debut, Bad Boys online, era un Romantic Times Top Pick, y BAD BOYS in Black Tie fue un éxito de ventas EE.UU. Hoy en día. Erin vive en el noreste de Ohio con su esposo, dos hijos y dos gatos.

Capítulo 01

He conocido a jovencitas con más testosterona que ese hombre.

Tamara Briggs ni siquiera tuvo que mirar para saber que Suzanne estaba hablando de Geoffrey Ayers, porque en un recinto lleno de pilotos de carreras, el profesor de Antropología era al único a quien su amiga encontraría falto de virilidad.

Sin embargo, fingió ignorancia porque no quería reconocer que quizá Suz estuviera en lo cierto respecto al hombre con el que intentaba convencerse de que podía mantener una relación sexual con regularidad.

—¿De quién estás hablando?

—Sabes que hablo de Geoffrey. Y lo siento, sé que es tu nuevo novio y todo eso, pero francamente, Tammy: ese hombre no podría hacer que le creciera pelo en el pecho aunque su vida dependiera de ello. ¡Míralo!

¿Tenía que hacerlo? Tamara temía que si le miraba todas sus ilusiones se harían pedazos. Intentaba creer con todas sus fuerzas que podía llegar a enamorarse de Geoffrey, pero sospechaba que si le observaba con demasiada atención tendría que admitir que eso no iba a pasar. Nunca. Haciendo acopio de valor, miró detenidamente a Geoff y lo que vio no era agradable. Estaban en un coctel para recaudar fondos para una fundación que financiaba una investigación sobre el cáncer infantil, y él se encontraba justo en medio de un grupo de pilotos, jefes de equipo y propietarios de coches bien vestidos. Geoffrey era el único que llevaba jersey. Un jersey marrón además. No podía aspirar siquiera a llamarse moca, café o caoba. No era más que un simple y anticuado jersey marrón.

Los demás habían dejado sus monos en la pista, cambiándolos por trajes elegantes o, al menos, por unos pantalones negros y una camisa y una corbata con clase.

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