Decidir. Cambiar. Estar. Ser. Reinventarse. Caminar. Hacer. Levantarse. Experimentar. Conseguir. Desafiar. Soñar. Vencer. Descubrir. Reivindicar. Comprometerse. Pensar. Creer. Potenciar. Preguntar. Crecer. Pertenecer. Despertar.

Aleph, la nueva obra de Paulo Coelho, nos invita a pasar a la acción. Porque llega un momento en el que sentimos la necesidad de plantearnos cómo vivimos nuestra vida, si estamos donde queremos estar y hacemos lo que queremos hacer.

Hay libros que se leen. Aleph se vive.

Nota del autor.

Volví a ver a Hilal de nuevo en septiembre de 2006, cuando la invité a participar en un encuentro en el monasterio de Melk, en Austria. Desde allí viajamos a Barcelona, y después a Pamplona y Burgos. En una de esas ciudades me informó de que había abandonado la escuela de música y que ya no tenía intención de dedicarse al violín. Intenté darle argumentos al respecto, pero íntimamente entendí que ella también volvía a ser la reina de su reino, y ahora tenía que gobernarlo.

Durante el proceso de redacción de este libro, Hilal me envió dos correos electrónicos diciéndome que había soñado que yo contaba nuestra historia. Le pedí que tuviese paciencia, y no se lo dije hasta que terminé de escribirlo. No se mostró demasiado sorprendida.

Me pregunto si realmente tenía razón al pensar que, una vez perdida la oportunidad con Hilal, aún iba a tener otras tres (después de todo, eran ocho las chicas que iban a ser ejecutadas aquel día y yo ya había conocido a cinco de ellas). Hoy tiendo a pensar que nunca conocería la respuesta: de las ocho condenadas, la chica en cuestión, cuyo nombre nunca supe, era la única que realmente me amaba.

Aunque ya no trabajamos juntos, le agradezco a Lena, a Yuri Smirnov y a la Editorial Sofia la experiencia única de atravesar Rusia en tren.

La oración usada por Hilal para perdonarme en Novosibirsk también ha sido canalizada por otras personas. Cuando comento en el libro que ya la había oído en Brasil, me refiero al espíritu de André Luiz, un chico.

Finalmente, me gustaría alertar sobre el ejercicio del anillo de luz. Como menciono antes, cualquier vuelta al pasado sin un mínimo conocimiento del proceso puede conllevar consecuencias dramáticas y desastrosas.

Rey de mi reino.

¡No!

¿Otro ritual? ¿Otra invocación de las fuerzas invisibles para que se manifiesten en el mundo visible? ¿Qué tiene eso que ver con el mundo en que vivimos hoy en día? Los jóvenes salen de la universidad y no encuentran trabajo. Los mayores llegan a la jubilación sin dinero para nada. Los adultos no tienen tiempo para soñar; se pasan desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde luchando para mantener a su familia, pagar el colegio de sus hijos, afrontando lo que todos conocemos con el nombre de «dura realidad».

El mundo nunca ha estado tan dividido como ahora: guerras religiosas, genocidios, falta de respeto por el planeta, crisis económicas, depresión, pobreza. Todos quieren resultados inmediatos para resolver al menos algunos de los problemas del mundo o de su vida personal. Pero las cosas parecen cada vez más negras a medida que avanzamos hacia el futuro.

¿Y yo aquí, intentando avanzar en una tradición espiritual cuyas raíces están en un pasado remoto, lejos de todos los desafíos del momento presente?

Junto a J., al que llamo mi maestro aunque empiece a tener dudas al respecto, camino hacia el roble sagrado, que lleva ahí más de quinientos años, contemplando impasible las agonías humanas; su única preocupación es entregar las hojas en invierno y volver a recuperarlas en primavera.

Ya no soporto escribir sobre mi relación con J., mi guía en la Tradición. Tengo decenas de diarios llenos de anotaciones de nuestras conversaciones, que nunca releo. Desde que lo conocí en Amsterdam en 1982, aprendí y desaprendí a vivir un centenar de veces.

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