En una tranquila villa del sur de Francia, se verá movilizada con la llegada del americano. Un impetuoso hombre que pondrá la vida de Amelia L´amour patas para arriba. Pero ella no cree en las casualidades, cree que el destino los cruzó con un propósito: hallar a la mujer que escribió las cartas que encontraron en la mansión que los dos heredaron.

Cam O´conner, un prestigioso chef de la ciudad de San Francisco, se ve forzado por su doctor a tomarse unas vacaciones después de haber sufrido un pico de estrés. Y enterarse de que había recibido una herencia de un tío que ni siquiera había llegado a conocer, le había llovido del cielo en el momento indicado. Pero sus tranquilas vacaciones, no serán tan tranquilas cuando la mujer con la que debe compartir su herencia, cree que él es la reencarnación de su tío.

Una herencia, dos extraños y un destino.

Prólogo.

Echó la cabeza hacia atrás y la apoyó contra la camilla de la guardia del hospital. La enfermera le cerró un ojo mientras le inyectaba suero en su brazo izquierdo y antes de retirarse de la habitación, le dejó su número de teléfono en el bolsillo del pantalón que estaba sobre la silla. Esbozó una media sonrisa. En otras circunstancias, él no la habría dejado salir de la habitación. Había sufrido un desmayo en la inauguración de su nuevo restaurante. Su presión estaba por las nubes; y según su médico, había sido síntomas de un pre infarto. «Tráeme una escalera que te bajaré una estrella, para que brilles dentro de mí eternamente», tarareó para relajarse.

Cerró los ojos y resopló cuando su madre ingresó a la sala de emergencia.

—¡Oh, por Dios, Cam! —Chilló—. Es la tercera vez en un mes que sufres un desmayo.

—Y habrá una cuarta si no te callas… —dijo por lo bajo.

Su madre le acarició la mandíbula y le dio un beso en la frente. Desde que su padre había fallecido, ella se había apegado aún más a él. Y por momentos, se tornaba asfixiante.

—Debes tomarte unas vacaciones, Cam.

Respiró aliviado al ver que el médico de la familia apareció.

—Es un placer verte nuevamente en esta semana, Julie —murmuró él, haciendo unas anotaciones en la planilla que tenía en la mano.

—Dile a mi madre que ya me encuentro bien y que me darás el alta —le pidió.

Su médico le lanzó una mirada ceñuda por encima de la planilla.

—No le mentiré a tu madre, Cam.

—Él no ha hecho nada de lo que le recomendaste, Henry —lo acusó ella con su doctor—.

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