Alissa White pasa la mayor parte del tiempo trabajando, y el resto estudiando. Está sola en la vida y su único objetivo es conseguir su título universitario.

Pero todo se verá trastocado cuando el hombre de sus sueños aterrice en su vida. Encontrará en él la madurez, la protección y el amor que siempre había buscado. La felicidad irá sobre ruedas hasta que su mejor amiga, Rachel, se oponga a la relación.

Decidir entre romance y amistad la llevará a una encrucijada, aunque quiera ser buena amiga, la pasión es inevitable.

Cuando por fin logre combinar ambas cosas, tendrá que enfrentarse al mundo de los celos y aprender a luchar contra la distancia.

Capítulo 1.

“No puedo ir más deprisa, Rachel.”

“Bueno, tenemos a dos tíos buenos esperando para bailar con nosotras, así que creo que deberías intentarlo.”

“Voy, voy. ¿Por qué no vas a saludar a tu padre arriba o algo? Trabajaré más rápido sola. Subiré cuando termine.”

“De acuerdo. Pero solo unos minutos, ¡como máximo!”

“Vale.”

Alissa White, o Als, siempre estaba trabajando. Y su mejor amiga, Rachel Barnes nunca lo hacía. Era la única cosa con la que podían contar siempre. Afortunadamente, Rachel, o Rachel, estaba demasiado ocupada con su vida social así que no se daba cuenta de lo mucho que trabaja Als realmente.

Als acabó su trabajo en el archivo del bufete de abogados WellBright, y cogió el ascensor para subir a la última planta. Odiaba ir al piso del jefe, y sólo lo hacía cuando Rachel estaba allí. El padre de Rachel, Edward Barnes era socio en uno de los mayores bufetes de Nueva York. Aunque Rachel y Als habían sido amigas desde hacía dos años, Als aún no se sentía cómoda cerca de su padre. Había algo en ese hombre que le hacía temblar las rodillas.

Edward Barnes era de los socios más jóvenes en un exitoso bufete en toda la ciudad de Nueva York. Se convirtió en socio con sólo treinta y dos años. En los últimos siete años, había vivido por y para su negocio. Pero siempre sacaba tiempo para Rachel cuando ella quería verle. Edward resultaba intimidante para Als, no sólo por ser su jefe. Edward era absolutamente guapo. A Als le costaba incluso mirarle a los ojos por lo mucho que la intimidaba.

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